‘Miradas’ a la Torre del Puerto (3). Recetas simples para sociedades complejas

ANALEMMA TOWER (Dubai Clouds Architecture Office)

Créditos de la imagen: ANALEMMA TOWER- Dubai, Clouds Architecture Office

Seguimos con nuestra serie de posts (entrada 1 y entrada 2) dedicados a desgranar el artículo <<Las ‘miradas’ desde la Torre del Puerto>>. Ahora nos tocar comentar la primera parte del tercer párrafo que empieza así:

<<Si bien es cierto que estas transformaciones deben obedecer a la buena ordenación de sus intervenciones, habría también que reconocer que no pueden estar sujetas a la nostalgia inmovilista de la ciudad como tampoco a la grandilocuencia al margen de la misma.>>

Lo sentimos, no hemos conseguido alumbrar el sentido de la última frase, en particular a qué remite la palabra grandilocuencia.

<<La principal cuestión sería cómo entender y encauzar su importante transformación actual en este momento de pujanza económica […]>>

Los triunfalistas anuncios de prosperidad, apelando habitualmente a datos genéricos o apreciaciones superficiales, aparecen como mera y encubridora retórica cuando vamos al detalle de la distribución social de sus supuestos beneficios. Compruébense los datos de Málaga sobre desempleo, pobreza, exclusión social, desigualdad social…

Afirmaciones rotundas, expeditivas y descontextualizadas, siempre favorables a los intereses del poder económico y político dominante Y lo que es peor, no se trata tanto de la descripción de una realidad previa, como  su fabricación, vía el imaginario colectivo.

[…] quizás solo comparable a su mejor momento histórico de final del S.XIX y principios del S.XX, […]

A mediados del s. XIX Málaga era probablemente la segunda ciudad industrial en importancia en España, sólo después de Barcelona. Pero esa potencia se frustró ya antes del paso al siguiente siglo. Y por los mismos motivos que ahora bajo una economía que prolonga los rasgos extractivista y rentista, cada vez más dependiente del turismo y la actividad inmobiliaria asociada, que asume perfectamente la función subalterna y semicolonial que nos toca en el globalizado mundo del neoliberalismo. Por añadidura en la historia de Málaga (y en la mayoría de nuestras ciudades) hay pocos momentos buenos para la mayoría de la población, en los que se pueda encontrar un espejo donde mirarse.

[…] desde la atenta ‘mirada’ hacia lo que el futuro nos ofrece más que desde el ensimismamiento a un presente inmovilista que ya es ‘pasado’.

Si, sabemos de ese futuro, y mucho lo tememos, precisamente porque lo conocemos: no es más que el pasado y el presente prolongados y engrandecidos, pero sólo en cantidad… hasta que nos aplaste.

Poco importarían estas y otras opiniones en relación con la vitalidad de Málaga si solo fueran propuestas o declaraciones más o menos afortunadas. Pero el problema es, como hemos dicho antes, que esta simplista visión es la que pretende hacerse realidad. Y eso no es posible sin ejercer una fuerte violencia. Siendo la última actuación lo que ha sucedido hace unos días con el trámite de Informe Ambiental Estratégico: una resolución favorable (y tal vez ilegal), utilizando argumentos ridículos. Insólita velocidad burocrática para la supresión de facto (o más bien la venta) del derecho de todos al disfrute de este estupendo lugar, nominalmente de uso público, en beneficio de un uso privado exclusivo y excluyente.

Es cierto que no compartimos el entusiasmo del autor y los partidarios del proyecto. La razón es que no apreciamos creatividad de ningún tipo. Todo lo contrario, vemos en ello una amenaza más al futuro de Málaga, usurpando sistemáticamente los recursos y espacios comunes, inclusive los declarados de titularidad pública, y capturando todo aquello que hace posible una ciudad dotada de una organización social democrática verdaderamente viva.

La lógica que subyace en el texto comentado es la del reduccionismo metodológico y tecnocrático de la complejidad, que produce modelos forzosamente autoritarios de organización social (como la doctrina de la primacía de la competitividad) e incompatibles con la autorregulación de los ecosistemas y las ciudades. Justamente la peor receta para afrontar los gravísimos problemas medioambientales, económicos y sociales en los que ya estamos.

SEGUIRÁ…

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