Las heridas a los árboles

fotos_ChantalFuente de imágenes: Chantal Maillard

Las heridas a los árboles también afectan a quienes habitamos la ciudad, y de un modo más doloroso cuando por medio no hay sensibilidad o inteligencia; Chantal Maillard ha escrito esta hermosa y desesperada carta al alcalde de Málaga. Por ella si nos sentimos representadas y por eso la divulgamos.

Señor Alcalde:

Vivo en el Cerrado de Calderón hace más de veinticinco años. Aquel sitio ha sido siempre mi refugio, el lugar donde podía hallar la paz y el entorno natural necesario para seguir escribiendo. Me sentía privilegiada y me enorgullecía pertenecer a una ciudad que cuidaba de sus zonas arboladas. Todo un lujo para una urbe hoy en día.

Pero ya no es así. Ya nada es así desde que ustedes han decidido emprender la deforestación de las zonas habitadas. Todos los días de este verano me ha despertado el terrible ruido de los grandes pinos cayendo bajo las máquinas, motosierras, buldóceres y trituradoras. Me despierto con rabia, señor Alcalde, con rabia, con tristeza y con desesperación. Porque no es un bien, no señor.

El monte del Gibralfaro, el de la Victoria, el parque del Morlaco, el Cerrado de Calderón… ¿Qué interés tienen, de repente, en aparentar preocuparse ahora por estos altos?

No, señor Alcalde, no me diga que se trata de unas medidas contra incendio. Nunca les ha importado que en estas zonas (no son turísticas, evidentemente) las hierbas secas alcanzasen más de metro y medio, nunca se han preocupado de podar, limpiar o desbrozar. ¿Qué cree que crecerá ahora sobre la tierra inerme que dejan sus máquinas sino el mejor pasto para incendios? Y, por otra parte, ¿qué lluvia atraerá el polvo? Le está quitando a nuestra tierra la poca humedad que le queda. ¿Y llama a eso medidas contra-incendio?

Por supuesto la mejor manera de que un bosque no se queme es suprimir el bosque. Por la misma regla de tres desecaremos los mares para evitar que alguien se ahogue. Somos mayores de edad, Señor Alcalde, los gobiernos paternalistas deberían pasar a la historia. Los vecinos de estos barrios hemos elegido vivir entre árboles, no en la tierra seca en la que ustedes han decidido convertir nuestro hábitat.

Siempre pensé que el hábitat hace a las personas tanto o más que las personas al hábitat. Los niños se educan mucho mejor en un entorno natural que entre muros de cemento. La educación lo hace el medio y no el miedo, es evidente. Déjeme regalarle un ejemplar de este libro mío, La razón estética, que acaba de salir publicado nuevamente; puede que en alguno de sus capítulos (por ejemplo el último) reconozca esa antigua palabra: “ecosofía”, sabiduría del hábitat. Si nos preocupásemos de educarnos en el cuidado, probablemente tendríamos que preocuparnos mucho menos de los incendios que, como bien sabe, cuando no lo son del interés, son siempre fruto del des-cuido. Cuidar es conocer, cuidar es crecer-con, cuidar es un acto de amor. Y lo que están haciendo ahora es todo lo contrario.  

Usted no contestará a esta carta. Mis palabras se evaporarán como endebles gotas de agua en la tierra polvorienta que sus máquinas dejan a su paso. Pero piense, señor Alcalde, que nosotros también nos desvaneceremos, y si le importa que alguien le recuerde, sepa que le recordarán más por lo que haya cuidado que por lo que haya aniquilado. Esta ciudad, señor, tenía las condiciones para ser un paraíso: que nadie le pida cuentas por haberla convertido en un erial. 

Con mis respetos.

Chantal Maillard
Málaga, 23 de agosto 2017

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