A propósito de los talleres sobre participación. Por José María Romero

Deseo ser radical. Espero serlo de raíz. Como ejercicio de autonomía individual y colectiva. También como continuación de la propuesta que pretende ser colectiva del Guadalmedina (hasta ahora lo ha sido en grado bastante reducido), o las de Palma-Palmilla y el edificio de Cabriel 27, y la reurbanización de la ctra. de Cádiz en Málaga.

En toda práctica de autonomía -para ejercer ésta es para lo que se plantea la participación en cualquier territorio (medio más población)-, la teoría y la práctica coinciden. La investigación no puede preceder nunca a la práctica, pues en una práctica de este tipo los medios y el fin coinciden. Se podría decir siempre que el fin es la acción de construir el medio (la práctica en el territorio); luego no hay fin (la teoría).

Tampoco pueden existir los expertos, y al menos, los únicos que pueden reclamarse expertos de verdad de un territorio o un espacio serían sus propios habitantes, nunca nadie de fuera. Si no, estos se comportarían como heterónomos (la base del fascismo). No puede haber representación. Sólo presentación, democracia radical, democracia real ya.

En todo caso, es literal, la teoría sirve para aumentar los currículos de los ponentes, y únicamente con vistas a la universidad (lo digo como profesor de la UGR), pues nunca será útil para realizar, facilitar o cuanto menos servir de apoyo a una acción local, real y concreta, dictando métodos decididos fuera del territorio. El teórico o técnico sirve en la medida en que se desmonta y se convierte en habitante, es, decir, se implica prácticamente. La teoría sólo alimenta a los teóricos.

Para Cornelius Castoriadis no existe criterio científico válido que permita facilitar una práctica de autonomía. Es la única teoría que habría que entender; si es que a la ausencia de teoría se le pudiese llamar teoría. Por tanto, separar la teoría de la práctica es un gravísimo error conceptual y práctico (de quienes no han ejercido prácticas de autonomía de verdad), que como afirma Castoriadis, “o es de ignorantes o es de impostores”.

Igual que a nadar se aprende nadando, sólo se puede aprender a participar, participando, y a ser libre, ejerciendo prácticas de autonomía. Creo sinceramente que si no se entiende esta crítica radical, hablaríamos lenguajes diferentes, y nuestras preocupaciones también lo serían.

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