Destrozar el paisaje, dañar al turismo

Esperando que resulte de vuestro interés, difundimos este artículo publicado hace unos días en La Opinión de Málaga en el que ha participado uno de los colaboradores de Rizoma. Recomendamos también que visitéis las otras entradas dedicadas al hotel-rascacielos del Puerto de Málaga.

vía @opiniondemalaga

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Imagen de fondo de pantalla de Windows 10

Miren la imagen. ¿Reconocen el lugar? Si, se trata de la bahía de Málaga, y la fotografía está tomada desde los Baños del Carmen. Esta magnífica panorámica apareció como fondo de pantalla en los ordenadores que tuvieran instalado el sistema operativo Windows 10, y estuvo ahí, a la vista de todos sus usuarios, varios días durante el pasado mes de junio. Forma parte de la aplicación Spotlight, de Microsoft, que instala automáticamente como fondo de pantalla imágenes espectaculares de todo el mundo, la mayoría paisajes. Muy pocas veces han aparecido paisajes españoles, y la bahía de Málaga fue una de esas veces; recientemente, otro fantástico paisaje malagueño, Ronda con su tajo, apareció en este exclusivo catálogo de imágenes. La imagen de la bahía de Málaga iba acompañada de algunas frases: «¿Dónde puedes ver esta increíble puesta de sol?» o «Si visitas este lugar, no podrás olvidarlo nunca». Ciertamente, resulta difícil pensar en una campaña publicitaria más potente, efectiva y barata para una ciudad. Un regalo para el sector turístico de Málaga.

Hace unos días, fuimos amablemente invitados por el Foro de Turismo de la ciudad de Málaga para explicar los motivos de oposición al rascacielos que se pretende erigir en plena bahía de Málaga. En nuestra presentación, expusimos esta imagen y lanzamos una pregunta: ¿qué ciudad, qué administración turística, permitiría destrozar el magnífico recurso turístico que revela esta fotografía? Málaga cuenta entre sus atributos con un fenomenal elemento de atracción de visitantes: las vistas sobre la bahía. Lo saben los comerciantes y hosteleros que reciben turistas en sus terrazas y locales con vistas al mar, y lo saben también muy bien quienes enseñan la ciudad a amigos, familiares y colegas profesionales foráneos. La imagen de Spotlight viene a confirmar esta argumentación de forma nítida y rotunda. Es de pura lógica deducir que estropear esta panorámica con un rascacielos de 150 metros de altura (que es la altura que se está tramitando, no 135 metros), sería negativo para la ciudad desde el punto de vista turístico y económico. Y también es de pura lógica pensar que los responsables del turismo local no sólo tendrían que conservar esta postal, sino que deberían apostar por mejorarla y por utilizarla como reclamo turístico. Sería de cajón que lo hicieran.

En esta línea, la ciudad de Málaga se había marcado como objetivo promover su candidatura a la lista de lugares de Patrimonio Mundial de Unesco, algo que sin duda repercutiría muy positivamente en el potencial turístico de la ciudad, tanto cuantitativa como, sobre todo, cualitativamente. Para ello tendría que contar con la aprobación, vinculante, de Icomos, organización asesora de Unesco. Precisamente Icomos ha presentado recientemente un informe sobre el rascacielos del puerto en el que recomienda renunciar a su construcción por los daños que provocaría en el patrimonio paisajístico de la ciudad. Un mínimo análisis lógico y desapasionado permitiría vislumbrar las evidentes consecuencias negativas que desoír esta recomendación, permitiendo la construcción del rascacielos en ese lugar, provocaría en la posible candidatura de la ciudad, y cómo perjudicaría, por tanto, a los previsibles beneficios económicos que reportaría su posible inclusión en tan prestigiosa lista.

Después de vivir unas décadas urbanísticamente horribilis, Málaga ha conseguido desprenderse del estigma de ciudad desarrollista. De forma lenta y laboriosa, ha revertido el proceso y se ha labrado una imagen de marca muy definida, como ciudad habitable, de escala humana, ligada al patrimonio y a la cultura, lo que ha permitido el desarrollo turístico de los últimos años y la admiración de sus visitantes ante el cambio experimentado. Prácticamente todas las administraciones y sectores vinculados al turismo han tenido participación en la creación de este modelo de ciudad turística. Sin embargo, la construcción del rascacielos (y el precedente que supondría) caminaría en sentido absolutamente opuesto, vinculando de nuevo, irremediablemente, la ciudad al desarrollismo cortoplacista más obsoleto, y esto afectaría, sin ningún género de dudas, a su potencial turístico, y por tanto a su economía. No sería, como se esgrime, algo moderno, sino todo lo contrario: esto lo hemos vivido ya, en la ciudad y en la costa. Recordemos que la ahora tan denostada Malagueta fue vendida, en su momento, como un hito de modernidad (¿qué más modernidad, en aquella época, que construir un pequeño Manhattan?).

Lo realmente moderno, al menos en Europa, es entender que el paisaje, lejos de ser un obstáculo, es un gran aliado del turismo, un recurso turístico de primer orden. Así lo recoge el Convenio Europeo del Paisaje, firmado en Florencia en el año 2000. No fue una casualidad el lugar escogido para la rúbrica: la región de Toscana fue una de las impulsoras del Convenio, y la Toscana, con magníficos paisajes rurales y urbanos, recibe 13 millones de turistas anuales, 5 millones de ellos en el área de Florencia. Algo parece que saben de turismo y de paisaje.

El daño que el rascacielos ocasionaría en el sector turístico ha sido resaltado por expertos y profesionales del turismo tan cualificados como Rafael de la Fuente, autoridad incuestionable por su brillante y dilatada trayectoria profesional, que ha puesto el acento en los constatados beneficios económicos que aporta un modelo turístico respetuoso con el paisaje, o el profesor Rafael Esteve Secall, autor de referencia en investigaciones sobre turismo, quien ha incidido en el daño que este proyecto causaría al turismo de cruceros en Málaga, algo que también temen los trabajadores portuarios.

Estos argumentos deberían conducir, al menos, a un proceso de reflexión sobre la utilidad del rascacielos para la ciudad, para el interés general del conjunto de sus ciudadanos, y en concreto sobre su principal actividad económica, el turismo. Porque la sociedad actual es consciente del valor turístico del patrimonio paisajístico. Pongamos como ejemplo edificios que distorsionan o tapan las vistas sobre la Catedral y el Monte Gibralfaro: ¿quién firmaría hoy el edificio del Málaga Palacio y quitar la panorámica a un patrimonio tan espectacular como la Catedral? ¿Quién daría permiso a la construcción, en la zona de la Coracha, del edificio de Campos Elíseos?

No están en discusión (huelga decirlo) los hoteles, ni tampoco, por supuesto, el turismo. Todo lo contrario: sostenemos que este proyecto sería perjudicial para un modelo turístico sostenible (es decir, no depredador de los recursos), como al que se dirigía Málaga, entendiendo la sostenibilidad en sus tres pilares: económico, ambiental y social. Ni siquiera se discuten los rascacielos. Lo que está sobre la mesa es el disparate de colocar una mole que prácticamente triplicaría la altura del edificio residencial más alto de la ciudad en el lugar más frágil y sensible de la misma, en medio de todo, destrozando la imagen de la ciudad. Y encima cargándose un recurso turístico de primera categoría, o lo que es lo mismo, dañando nuestra gallina de los huevos de oro. ¿Quién se beneficia, realmente, de esto?

Firmado por: Matías Mérida Rodríguez, profesor de Análisis, Evaluación y Gestión del Paisaje, de la UMA; y Enrique Navarro Jurado, profesor de Planificación Territorial y Turismo Sostenible, Facultad de Turismo, de la UMA
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Desde la resta, n`UNDO

A propósito de conferencia, exposición y presentación de libro en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Granada

El futuro habita entre nosotros. En el espacio que vivimos. En la ciudad y en la arquitectura que habitamos. Porque una gran parte del mundo construido que nos envuelve existirá dentro de 20, 30 o 50 años, y producirá formas parecidas de habitar.

Utilizando el sentido común para verlo, el presente puede ser esperanzador. Ésta es la mayor aportación del colectivo n´UNDO en su triple muestra de conferencia, exposición y presentación de libro realizada en la escuela de Granada: presentar un presente/futuro posible esperanzador. Nos rodea aquí y ahora.

La mirada de n´UNDO sobre la realidad es radical. Sin fundamentalismos, pero desde la raíz. Nunca fuerza la realidad en donde se produce la propuesta/proyecto. Siempre atiende a las posibilidades del lugar o de la arquitectura existente.

Desde la resta no habla de sostenibilidad, de crisis sistémica y demás jerga. Propone de manera natural restar, conservar y cuidar lo que de verdad vale. Desde su punto de vista suelen ser bastantes cosas. La propuesta de n´UNDO para habitar el mundo no tiene nada de sofisticación. Pero sí propone una profesión de arquitecto/a diferente, y muestra una arquitectura diferente imprescindible, necesaria y deseable. Su manifiesto de 11/11/2011 dice:

20180301_JMR_Desde la resta(1)n’UNDO (2017): Desde la resta. DPR-Barcelona (Pg. 3)

El manifiesto nos lleva más allá, nos lanza al futuro: nos pro-yecta. Aunque está implícito en él, si cambiamos personas por población, y entendemos que ésta es humana y no humana (flora y fauna, e incluso las cosas), el manifiesto ni siquiera parecerá antropocéntrico. En realidad no lo es. El mundo no nos pertenece. Pertenecemos al mundo. Sin un ápice de nostalgia invita a conservar y cuidar formas de vida y de pensar útiles ahora mismo. Es el principio de precaución como creación.

Las dimensiones del libro se ajustan para no dejar papel sobrante. La letra elegida es la que menos tinta consume. No construir, Minimizar, Reutilizar, Desmantelar. Respetar, Limpiar, Recuperar, Regenerar. Desde la resta. Sentido común.

20180301_JMR_Desde la resta(5)  20180301_JMR_Desde la resta(4)Conferencia en la capilla y exposición en el patio antiguo de la E.T.S. Arquitectura Universidad de Granada (23/02/2018). Fotografías de Ricardo Hernández

23-02-2018
José María Romero
Prof. ETSA Universidad de Granada

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‘Miradas’ a la Torre del Puerto (5). Lo de todos es para unos pocos

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Imagen: ‘Idea I’ (de la serie “Le Terral Atelier Couture”; autor: Arte Garum). Fuente:  Revista El Observador

Tras haber formulado en el anterior post nuestra opinión respecto las prácticas urbanísticas de la nueva modernidad y los beneficios que se atribuyen al auge turístico, nos adentramos ahora en aspectos más concretos del proyecto defendido por su autor en el artículo que estamos comentando (ver al final los enlaces a los posts anteriores).

«A pesar de esta realidad, quizás no parece haberse entendido algunos aspectos novedosos de la propuesta del Hotel que merecen cierta reflexión conceptual, como la de que al tratarse de un suelo de Concesión Pública no pueda existir la especulación económica del suelo que se produce precisamente con las calificaciones urbanísticas en suelo privado, ya que el suelo del Hotel no pierde su condición jurídica de suelo portuario; […]»

No porque sean terrenos públicos deja de haber especulación, si entendemos esta como la apropiación de las rentas del suelo generadas por la colectividad… como es el caso, aunque parcialmente reviertan en la administración pública (aquí, el Puerto de Málaga). Explicación: estamos hablando de un lugar maravilloso y único, que algunos están dispuestos a pagar elevados precios por disfrutarlo desde la confortable habitación o el exclusivo restaurante de un hotel de gran lujo. Mucho dinero por tanto. La condición para ello es que la ciudadanía deje de tener acceso a este lugar excepcional, costosamente construido en el mar gracias a todos los contribuyentes, impidiendo para ello el ejercicio de su derecho (reconocido explícitamente tanto por la legislación nacional como por las normas urbanísticas municipales), e instaurando un privilegio de uso para unos pocos y de negocio para menos aún. Procediendo de esta manera el estado se convierte en un agente rentista, que en realidad no crea riqueza (ni siquiera de forma indirecta pues el supuesto hotel en nada contribuye a la capacidad de innovación local), muy al contrario la parasita.

«[…] o en las dudas que se platean respecto a una tramitación administrativa, que por su carácter estatal resulta ser mucho más meticulosa que cualquier otra de carácter local; […]»

Hoy en día la multiplicación de los controles en la tramitación administrativa no garantiza resultados favorables al interés general. Es más, pueden ser utilizados perversamente como instrumento exclusivo de un reducido círculo de privilegiados. Para ello es suficiente que los actores con poder de decisión a diversos niveles, incluso pertenecientes a formaciones políticas diferentes, se pongan secretamente de acuerdo. Más tentación cuanto mayor sea el volumen del posible negocio, lo que curiosamente aumenta las probabilidades de que así acabe ocurriendo. Limitar la custodia del bien común a los mecanismos formales de las instituciones ha sido siempre sumamente peligroso, supone una grave irresponsabilidad que se paga muy caro. No estamos hablando exactamente de delincuencia sino de las condiciones que favorecen el enquistamiento de la corrupción. De ahí nuestra insistencia en favorecer al máximo el protagonismo de quienes se verán afectados por cualesquiera alteración o iniciativa por parte de la administración pública. Que en este caso es toda Málaga, como bien dicen sus mismos promotores.

«[…] o deformar visiones paisajísticas de un frente litoral, anulando la base del paisaje como son las distancias y escalas entre los ‘objetos’ que de manera dinámica adquieren multitud de visiones y perspectivas; o tener que recurrir a jocosas comparaciones que muestran cierta incapacidad en plantear argumentos esenciales de la disciplina del paisaje como ‘proyecto’ dinámico y no como estática imagen bucólica del mismo.»

Creemos que esta frase trata de descalificar, entre otras cosas, las opiniones de que el edificio desfigura el paisaje marítimo de la ciudad actual porque esa vista actual estaría fetichizada, anclada a un momento histórico (ahora) que no debe permanecer. El autor no puede ignorar el impacto perceptivo pero sin dudar lo considera valioso por ser símbolo de la nueva modernidad. Nosotros también pensamos que la cuestión del simbolismo es crucial: al ser el rascacielos un aspirador de todas las miradas por su ostentosa apariencia en el centro de la bahía, convertirá la gran fachada de la ciudad hacia el mar en un mero fondo de escenario para su mayor lucimiento. En efecto, puede que tenga éxito como la postal de Málaga ante el mundo; pero no será la de la contribución de esta ciudad a la cultura, ni por cualquier otro mérito memorable, sino la de un negocio hecho posible gracias a ciertos inversores y destinado al disfrute de gente como ellos, muy ajenos y muy lejanos. El hotel lujosísimo, espacio donde interaccionan (sin llegar a tocarse) el turista y el subalterno a su servicio, es el emblema perfecto del turismo como destino sin futuro que se asigna a esta ciudad.

Enlaces a los posts anteriores:
‘Miradas’ a la Torre del Puerto (1)
Miradas’ a la Torre del Puerto (2). Málaga y la competitividad turística
‘Miradas’ a la Torre del Puerto (3). Recetas simples para sociedades complejas
‘Miradas’ a la Torre del Puerto (4). El urbanismo, el turismo y la equidad social
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Bosque Urbano de Málaga. Trabajos de estudiantes de arquitectura de Granada

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La propuesta de Bosque Urbano de Málaga (BUM) es ejemplar desde el punto de vista arquitectónico y ciudadano. Es un proyecto digno de desbordar su horizonte local.

La construcción, y “destrucción a toda costa”, de los últimos lustros no repara en ninguno de los graves efectos externos que causa la arquitectura de escalas desproporcionadas en el medio natural y urbano; ni por supuesto, en las formas de vida que obliga a adoptar a poblaciones enteras, habitualmente las más desfavorecidas.

Por el contrario, como se expone en el contenido de la publicación de material docente que se aporta a continuación, el BUM es un proyecto arquitectónico y urbano asombrosamente cuidadoso en todos los ámbitos de la sostenibilidad; sea ésta medioambiental, social, económica o política.

El BUM, además, atestigua la diferencia de cuidados que se ofrece a los distintos barrios de la ciudad y a su ciudadanía. Una atención permanente interesada al Centro Histórico de Málaga –y la ciudad burguesa-, que nunca desvía la mirada a “la ciudad de los pobres”. Por ello, se pueden contar con los dedos de la mano las personas de prestigio que defienden el BUM, y menos todavía contar arquitectos y urbanistas en sus filas (síntoma de cómo se encuentra la profesión). En el BUM, antes de nada, nos enfrentamos a problemas epistemológicos propios de la arquitectura que, por cuestión de ignorancia, anteceden y son caldo de cultivo de los que imponen posteriormente en su provecho “los cínicos y los impostores”.

Habitualmente la defensa del paisaje malagueño -en bastantes más casos de los necesarios- se hace desde una visión elitista y casi romántica, y es reactiva por naturaleza. En cambio, la propuesta BUM de un bosque de tipo de mediterráneo en la ciudad es proactiva, y especialmente creativa, además de haber nacido desde abajo; es decir, desde la propia ciudadanía.

Éstos motivos nos parecen suficientes para haber atendido el proyecto BUM desde la universidad, y desde la arquitectura y el urbanismo. Sin embargo, la difusión de su singularidad es el motivo principal de la publicación (link más abajo), además de la devolución del trabajo realizado a la ciudadanía, al estudiantado y al profesorado implicados en el BUM.

José María ROMERO, dr arquitecto
Profesor del Área de Proyectos Arquitectónicos
ETS Arquitectura Universidad de Granada

BUM! TRABAJOS DE ESTUDIANTES DE ARQUITECTURA DE GRANADA
(ISBN: 978-84-697-7143-3)
Enlace a la publicación

 

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El urbanismo en la Costa del Sol en la época de la posverdad

Esperando que resulte de vuestro interés, difundimos un nuevo artículo publicado en Málaga Hoy por parte de colaboradores de Rizoma implicados en el proyecto I+D titulado «Crisis y reestructuración de los espacios turísticos del litoral español» (CSO2015-64468-P). 

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Fuente: Artículo Málaga Hoy 2018-01-15

vía @malagahoy_es

“Recientemente ha tenido lugar un seminario en la Facultad de Turismo de la Universidad de Málaga, interesante y fructífero, en el que han participado portavoces de movimientos ciudadanos de resistencia al nuevo desarrollismo en la Costa del Sol que promueve grandes intervenciones y transformaciones urbanas y territoriales. Las muchas coincidencias hacen pensar en la existencia de graves problemas de fondo con repercusiones sociales, políticas, ecológicas, etc. Se da el caso que de las siete grandes intervenciones que se debatieron en el seminario -el rascacielos en el Puerto, la iniciativa del Bosque Urbano Málaga, la turistificación del Centro, la ampliación del puerto de Marbella, la macrourbanización Los Merinos en Ronda, la autovía privada Marbella-Ronda y la contaminación de la cementera/incineradora de La Araña-, cinco están o han estado cuestionados por los juzgados.

En este artículo sólo se va a comentar, brevemente, lo relativo al régimen urbanístico actual que margina a la ciudadanía respecto a proyectos que sus mismos impulsores califican de trascendentales para esa población. Y aunque el caso de la autovía no esté centrado en la urbanística municipal, igualmente le afecta lo principal del problema: el autismo interesado de gran parte de la clase política.

Podemos distinguir dos líneas doctrinales en el actual sistema urbanístico español. Desde la ley del suelo de 1956 los municipios deben dotarse de un conjunto de normas; el llamado plan general que expresa una especie de acuerdo colectivo sobre cómo debe ser el proceso urbanizador y su resultado material (qué ciudad queremos), al que se debe llegar a lo largo de procesos participativos sujetos a determinadas garantías. Lo mismo es de aplicación cuando se hacen cambios importantes en el plan general. Principios y objetivos fundamentales son la equidistribución de cargas y beneficios en la actividad urbanizadora y la participación de la colectividad en las plusvalías así generadas.

Pero el mecanismo administrativo previsto resultó complicado y lento, por lo que, según la lógica de los promotores inmobiliarios, no facilita la posición de las ciudades en el damero competitivo y adolece de un excesivo intervencionismo de la administración pública. Con el fin de flexibilizar la adaptación de los planes generales a lo que exigen las circunstancias de cada momento se introdujo en la Ley del suelo de 1992 la figura del convenio urbanístico. Se trata de una novedad importante pues reconoce el contrato como fuente de derecho, al mismo nivel que la ley. De esta manera se instituyen dos vías diferentes para la tramitación y aprobación de proyectos: la prevista en el plan general, reglada minuciosamente en sus determinaciones y procedimientos, que obliga a todos los ciudadanos; y por otra parte el camino mucho más rápido y discrecional que adapta el marco legal a las necesidades de las iniciativas que se consideren importantes, negociado entre el agente promotor y el alcalde como máxima autoridad municipal. Se supone que a cambio de beneficios para la ciudad, con frecuencia con el empleo como argumento general y hasta único, una vez olvidado aquello de la participación en las plusvalías que exige la ley.

Nótese la gran diferencia entre ambos modelos. Con el plan general es la ciudad misma la que se dota de una norma de acuerdo con los principios de interés general antes indicados. En el acuerdo urbanístico (ya sobra el convenio, basta la negociación con el alcalde y proceder a la modificación del planeamiento con arreglo a algún otro instrumento urbanístico) hay negociación entre dos actores, el promotor y el alcalde que formalmente representa a la ciudad; y lo que se produce es un intercambio. En ambas vías existen problemas importantes: en el primer caso la gran dificultad de llegar a un verdadero consenso político que no se reduzca al mero juego partitocrático, y sobre todo su problemática aplicación, como ha demostrado la experiencia. En el segundo caso la ciudad resultante será un agregado de estas intervenciones, en cada caso a conveniencia de los inversores (cuyo interés principal, obviamente, no es resolver los problemas generales de la ciudad sino el suyo propio) y el partido gobernante, con muy escaso conocimiento y participación de la ciudadanía.

Volviendo al seminario antes mencionado, resultó que el peor de los problemas mencionados por todos los participantes es lo difícil que le resulta al ciudadano corriente conseguir información sobre los proyectos de este tipo y lograr la atención de los representantes políticos. La única posibilidad de una verdadera participación pública es, si acaso, mediante el recurso contencioso-administrativo, tal como apuntó oportunamente una de las personas participantes: “¡Ahora la participación ciudadana se hace en los juzgados!”. El convenio urbanístico vino a respaldar jurídicamente la sustitución, según convenga, del debate ciudadano inherente a la participación de la comunidad en los asuntos importantes de la ciudad, por la negociación a puerta cerrada en la alcaldía. Tras ello no queda lugar para el debate, pues todo se ha decidido ya, de ahí la inanidad de los trámites posteriores y la indiferencia ante las discrepancias, por muy argumentadas que estén. Entendemos que el conflicto es uno de los efectos de una manera de hacer política, abriendo un abismo entre lo que se dice y lo que se hace. Pues el interlocutor de los gobiernos municipales no son precisamente los ciudadanos, en la misma medida en que éstos no están representados realmente por aquellos; de hecho la cuestión planteada hace ya más de seis años sigue abierta: la corrupción de la democracia representativa. La prioridad es de los inversores, y ya fue reconocido así con el cambio del artículo 135 de la Constitución en agosto de 2010.

Podría decirse que el sistema jurídico sólo refleja las transformaciones sociales que se extienden y hacen costumbre generalizada. Pero su responsabilidad es máxima en cuanto retroalimenta un estado de cosas carente de legitimidad social y política. Quien dice que el urbanismo actual “crea ciudad para la ciudadanía” no sabe lo que dice, o miente. El urbanismo fue pionero y acogió hace tiempo el infierno del discurso de la posverdad.”

Eduardo Serrano (Dr. Arquitecto), José María Romero (Dr. Arquitecto, UGR), Enrique Navarro (Dr. Geografía, UMA), Yolanda Romero (Dra. en Turismo, UOC), Sabina Habegger (Dra. en CC de la Educación), Fernando Ramos (Arquitecto), Rubén Mora (Arquitecto).
Este artículo se enmarca en el proyecto I+D titulado «Crisis y reestructuración de los espacios turísticos del litoral español» (CSO2015-64468-P).

 

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Astoria-Victoria: un proceso que avanza sin ciudadanía

Amigas, amigos, aprovechamos para compartir las últimas reflexiones sobre el proceso Astoria-Victoria publicadas en un artículo de La Opinión de Málaga por parte de colaboradores de Rizoma implicados en el proyecto I+D titulado «Crisis y reestructuración de los espacios turísticos del litoral español» (CSO2015-64468-P). Esperamos que resulte de interés.

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Fuente: Propuesta Astoria Colectiva (2017)

El documento de la propuesta completa puede consultarse aquí.

vía @opiniondemalaga

“En pleno centro de Málaga, en un espacio a la expectativa de ser devorado por el avance inversor de la destrucción inmobiliaria creativa, camuflado de turismo cultural, se encuentra el edificio de lo que en otro tiempo fueron los cines Astoria-Victoria. A la hora de dar respuesta sobre qué hacer con este espacio, el concurso de ideas del pasado año dejó una vez más a la ciudadanía al margen y a merced de discutibles estrategias económicas y metodologías tecnocráticas que prevalecen sobre las necesidades de la ciudad. Ya casi se cumple un año desde su convocatoria, quedando como testigos algunos paneles sin arrancar en las paredes del edificio y las recientes noticias sobre revisiones del concurso, qué inversores pujaran finalmente por la parcela y el fracaso de proyectos similares y muy cercanos. Aprovechamos para hacer reflexión de este concurso y sus consecuencias.

Podemos resumir los aspectos críticos sobre el proceso llevado hasta el momento en este entorno en seis puntos: 1) Tomar decisiones importantes sobre el futuro de la ciudad obviando la participación de la ciudadanía es injusto y favorece la desigualdad ante procesos urbanos que afectan directamente a su forma de vida. 2) Seguir alimentando dichos procesos y olvidarse de quienes los sufren supone condenarlos a su expulsión. 3) Aventurar ante un escenario de incertidumbre estudios de viabilidad económicos-financieros es bastante inútil; más aún cuando se propone como criterio discriminante principal de selección, por encima de las dimensiones social y ambiental, ignorando igualmente las externalidades positivas y negativas no cuantificables monetariamente, como es el capital social. 4) Resolver esta pieza urbana (especialmente en lo relativo a sus usos) con independencia de lo que se plantee para los demás problemas urbanos en su entorno próximo, no es pertinente. 5) Desarrollar proyecciones arquitectónicas sin conocer la importancia de los restos arqueológicos del sustrato –aún en fase de excavación- y sin decidir qué tratamiento les conviene, resulta sumamente imprudente. 6) Destinar a uso exclusivamente turístico el ámbito de actuación sin tener en cuenta los efectos que sobre el tejido social de la zona y su entorno próximo generarán las intervenciones propuestas (por el Turismo «no vale todo»), carece de lógica.

Más que resolver un objeto finalista creemos que es prioritario lanzar un proceso de escucha, información y propuesta ciudadana. Durante la fase de concurso, priorizamos el contacto directo y la colaboración con ciudadanía, asociaciones, colectivos y otros agentes urbanos, y la desarrollamos tanto como fue posible. Sentían que esta actuación era una oportunidad para remediar carencias de sus barrios (como equipamientos y comercios de proximidad, estos últimos desapareciendo rápidamente). Pero también temían que acelerase la reconversión urbana en curso (más gentrificación y turistificación). La escasa sensibilidad de las instituciones hacia su cada vez más precaria situación ha reforzado su pesimismo. Aun así no se han resignado.

Hemos seguido una transformación urbana que está despoblando el Centro Histórico y los barrios aledaños del norte. Se despliega de acuerdo con una lógica implacable y ya bien conocida, que recientemente ha encontrado su perversa conclusión en la propuesta de un Centro Histórico de Málaga no apto para residentes, tan sólo mera escenografía urbana para pseudo-habitantes. Urge que respondamos a todo lo que representa, ¿ciudad con o sin ciudadanía?

Éste ha sido siempre un espacio complejo al borde de la ciudad, territorio de confluencias e intercambios. Ahora un campo de fuerzas en creciente conflicto que se actualizan en numerosos problemas que no pueden resolverse aisladamente pues se influyen mutuamente. Esto afecta aún más a la pieza Astoria-Victoria. Nos encontramos con un extenso espacio urbano que requiere un planteamiento conjunto. Pero ante todo una rigurosa evaluación del modelo de ciudad que subyace a la actual dinámica y a su gestión municipal. Se trata de no repetir errores como el largo proceso tecnocrático que comenzó cuando los cines cerraron, que contó sólo con la opinión de los agentes económicos. Y que ahora parece prolongarse añadiendo confusión e incertidumbre.

Los habitantes actuales y futuros de la ciudad deben ser reconocidos como las y los protagonistas de las decisiones sobre aspectos cruciales para la calidad de su forma de vida. Entendemos que estamos ante la oportunidad de componer dos activos de gran importancia: la propia manzana, patrimonio público, y la ciudadanía, agente de las decisiones y actuaciones, que se convierte en la principal fuerza impulsora de la calidad del espacio urbano en la medida que lo habita.

La idea que lanzamos, es aplicable a otros espacios de la ciudad y se fundamenta en la puesta en marcha de un proceso participativo integral que permita decidir de un modo democrático qué conviene hacer en la manzana Astoria-Victoria y su entorno. Tan sólo consiste en aplicar los principios actualmente asumidos en los proyectos europeos, co-diseño, co-desarrollo y co-implementación donde es protagonista la ciudadanía, pero que se olvidan sistemáticamente cuando se aplica a un espacio especulativamente atractivo.

En el plano económico se pueden articular varios temas fundamentales. 1) Desvincular el proceso de creación de una estructura o espacio de uso público respecto un plan para atraer inversiones privadas a las que se cede el espacio de titularidad pública. Repetimos: la economía es importante pero no es el factor principal. 2) Estructurar el proceso como un innovador proyecto de inversión, investigación técnica y ciudadana que pueda atraer inversiones de Fondos Europeos destinados a ese tipo de proyectos. 3) Poner énfasis en las potencialidades socioeconómicas de la población que habita el entorno, así como en las variables de calidad del espacio urbano y entorno ambiental que no suelen considerarse en los estudios financieros para la inversión privada y acordar, proyectar y poner en acción procesos que incidan en la mejora de estas variables. 4) Consensuar un proyecto que permita hacer diagnósticos y seguimientos participativos de esas mismas variables, ya sean de carácter cuantitativo, cualitativo o implicativo. 5) Utilizar procedimientos abiertos y transparentes para el colectivo común en cuanto el seguimiento de las inversiones y retornos de las actuaciones que se proyectan, permitiendo un proceso de retroalimentación de todo el proyecto.

Las intervenciones sobre la ciudad son colectivas y compartidas, y se construyen mediante aportaciones de diverso objetivo, escala y duración. Pero todas suman. Reivindicamos todas las propuestas ya realizadas en ese entorno, entendiendo cada aportación como base para las siguientes. Es un modo de hacer democrático en ésta y otras intervenciones urbanas, avalado por teorías sociourbanas, metodologías participativas y experiencias en ciudades de nuestro entorno cultural, desde hace ya más de 50 años, y que incide en la configuración de nuestro hábitat: el control de los procesos, la toma de decisiones comunes y el modelo de vida de los habitantes.”

Firmado por: Yolanda Romero (Dra. Turismo), Eduardo Serrano (Dr. Arquitecto), Fernando Ramos (Arquitecto); José María Romero (Dr. Arquitecto); Juan Antonio Gómez (Economista); Sabina Habegger (Dra. en Pedagogía), Rubén Mora (Arquitecto), Enrique Navarro (Dr. Geógrafo); Antonia Lorenzo (Consultora de proyectos europeos), Marta Lomas (Dra. Arquitecta)
El presente artículo se enmarca en las investigaciones del proyecto I+D titulado «Crisis y reestructuración de los espacios turísticos del litoral español» (CSO2015-64468-P) del Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO)
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Habitar, resistir, pensarnos

Amigas, amigos, compartimos el último artículo publicado en La Opinión de Málaga por parte de colaboradores de Rizoma implicados en el proyecto I+D titulado «Crisis y reestructuración de los espacios turísticos del litoral español» (CSO2015-64468-P). En este artículo se incluye una reflexión que adelanta algunos resultados del SEMINARIO DE INVESTIGACIÓN REESTRUCTURACIÓN DE LOS ESPACIOS TURÍSTICOS LITORALES CRECIMIENTO Y RESISTENCIA. Esperamos que resulte de interés.

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CARTEL SEMINARIO DE INVESTIGACIÓN REESTRUCTURACIÓN DE LOS ESPACIOS TURÍSTICOS LITORALES CRECIMIENTO Y RESISTENCIA. Fuente: Las imágenes de los carteles están elaboradas sobre imágenes de la Plataforma BUM, del trabajo del profesor de la UMA Matías Mérida; de Google Maps, y de la revista El Observador

vía @opiniondemalaga

“Nosotros hacemos la casa y la casa nos hace a nosotros”, dicho griego clásico.
“La cuestión de qué tipo de ciudad queremos no podemos separarla del tipo de personas que queremos ser”, por David Harvey (2013).

“Competir, segregar, separar, partir, dividir, eliminar, destruir€: si te molesta mirar el rascacielos en la bahía, lo solucionas mirando hacia otro lado; si te molesta el aire de la incineradora que respiras en tu barrio, lo solucionas yéndote a otro ¿Qué hacer cuando los políticos de medioambiente de turno –en el primer caso un alto cargo autonómico del PSOE y en el segundo un concejal de Málaga del PP–, ofrecen semejantes soluciones a ´sus´ conciudadanos? ¿Qué sucede cuando la podredumbre moral –como denuncia el Nobel de Economía Paul Krugman–, gobierna la ciudad y el concepto de territorio turístico? ¿Turismofobia o hartazgo? ¿Cómo afectan a la ciudadanía y transforman la idea que tenemos de nosotros mismos?

Ver, mirar, respirar, oler, tocar, acariciar, comer, saborear, oír, escuchar, andar, pasear€ son acciones humanas fundamentales, cotidianas. Se despliegan en el espacio que se vive día a día. Se enriquecen con el contacto de los otros, en lugares comunes. Igual que las especies que cohabitan sus ecosistemas, la ciudadanía alcanza su plenitud gracias al sinecismo. Sinecismo significa literalmente co-habitación (synoikismós): vivir juntos en la misma casa (oikos). Es un concepto que conocían bien los griegos clásicos. El sinecismo se crea al co-habitar en un lugar, por el contacto y el intercambio que se producen gracias a la aglomeración colectiva, la diversificación y la complejidad de las relaciones en un mismo hábitat, que son atributos del espacio urbano de la ciudad. Como consecuencia, la ciudad y lo urbano suponen interdependencias socioecológicas, colectivas y económicas que implican sinergias creativas y de innovación.

Tocar, abrigar, aproximar, unir, juntar… El filósofo y sociólogo Henri Lefebvre expresaba que la inteligencia del cuerpo –del contacto–, precedió en mucho tiempo a la inteligencia analítica. Antes, mucho antes que apareciese el conocimiento abstracto –el Logos–, surgió el conocimiento del cuerpo –el del Topos–, porque la experiencia vivida –el contacto con otros y las cosas–, antecede en mucho al espacio pensado.

Para intentar responder a las preguntas anteriores, y confirmar –o rechazar– las hipótesis expuestas, el pasado 30 de noviembre, en la Facultad de Turismo de la Universidad de Málaga, en el marco de un Proyecto de Investigación sobre reestructuración del litoral español, se celebró un seminario que reunió a portavoces de plataformas ciudadanas de Málaga y de la Costa del Sol. Se debatió sobre el rascacielos en el puerto de Málaga, la iniciativa del Bosque Urbano Málaga, la turistificación del Centro de Málaga, la contaminación de la cementera/incineradora de La Araña, la ampliación del puerto de Marbella, la autovía privada Marbella-Ronda, y la macrourbanización para millonarios Los Merinos en Ronda. Las plataformas expusieron de forma clara –e intensamente– sus maneras de entender lo urbano y sus experiencias de resistencia a los grandes proyectos que pretende imponer en sus espacios habitables la Administración, siempre aliada con promotores, inversores, medios de comunicación y profesionales interesados.

Avanzamos algunas conclusiones iniciales a vuela pluma. Existen en todos los proyectos y las resistencias presentados elementos diferentes y elementos comunes. Como cuestiones diferentes se muestran las singularidades propias de cada lugar urbano afectado y la población que lo habita, con sus problemáticas específicas. Como cuestiones similares, en todos los casos, aparecen en primer lugar los deseos, las esperanzas y las necesidades de que la gente pueda vivir mejor en su barrio, o cuanto menos mantenga las mismas condiciones de calidad de vida de los suyos y su medio. También aparecen, como elementos en todos los proyectos, la misma indiferencia y el mismo atropello hacia el lugar y la ciudadanía por parte de la Administración –en todos sus niveles–, apoyada por los mismos inversores y empresarios acompañados por los mismos medios de comunicación y profesionales y expertos con intereses muy concretos. Se habló sobre el derecho de la ciudad y al paisaje, el derecho a la participación ciudadana en la toma de decisiones, la idea de sinergia, la planificación, la reversión, los cumplimientos de las leyes y planes, el valor de los informes, los procesos vinculantes, los espacios virtuales/reales, los modelos de turismo€ Una cuestión indignante y sangrante que surgió es que por mucho que se paralice un proyecto, éste queda latente preparado para activarse en un futuro amenazante (véase el caso de Los Merinos en Ronda, que perdura 27 años). Pero lo que no deja lugar a dudas es que todas las plataformas son, mucho antes que resistencias, movimientos para la protección y el cuidado de su hábitat cotidiano.

La sesión fue todo un acontecimiento y una acción colectiva investigadora en sí misma. Sistematizarla ya será un excelente resultado. La devolución de las conclusiones a las plataformas ciudadanas será importante. Sin embargo, sobre todo, se evidenció que entender la ciudad desde abajo –en nuestro territorio turístico–, y reconocer que el lugar que vale la pena defender es el que se produce gracias a la vida de la gente que se ocupa de lo suyo en su calle, en su barrio, en su ciudad, debe ser el horizonte a perseguir en una investigación/acción auténtica.

Para los biólogos Lynn Margulis y Dorion Sagan la primera muestra de inteligencia fue la de las primeras células que existieron, pues tuvieron la capacidad de componerse con el entorno para perpetuarse sin destruirlo, porque si no se habrían destruido a sí mismas. Por ello el nacimiento de la vida supone el primer ejemplo de inteligencia y sinecismo.

Desear, amar, querer, acoger, cuidar, valorar, colaborar, cooperar…, pensarnos… Común, comunidad. La gente que participó en el seminario mostró su inteligencia en el sentido más profundo del término: defiende lo común. Desea proteger su entorno para poder vivir como quiere ser.”

*Autores: José María Romero, Dr Arquitecto, UGR, Enrique Navarro, Dr Geografía, UMA, Yolanda Romero, Dr en Turismo, UOC, Eduardo Serrano, Dr Arquitecto, Sabina Habegger, Dra en Ciencias de la Educación, Fernando Ramos, Arquitecto, Rubén Mora, Arquitecto, Mtr Urbanismo
El artículo se enmarca en el proyecto I+D titulado «Crisis y reestructuración de los espacios turísticos del litoral español» (CSO2015-64468-P) del Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO)
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